lunes, 5 de abril de 2010

El bing bang peronista

El alarido de traidor con el que se “adularon” urribarristas y bustistas cerró, por estas horas, el capítulo más estrepitoso de la interna peronista, el más grotesco de la zaga quizás. Y ahora, o viene el cese del fuego o el lenguaje de las cadenas. En Concordia se enciende el volcán pero no obstante, la lava que ruge, salpica y quema gran parte de los rincones del universo peronista. En todos lados de la provincia, gobiernan en público y trabajan en secreto las internas en forma paralela. Urribarri decidió ajusticiar el futuro político de Busti sobre todo por su despecho a los Kirchner y abrió La Salada justicialista con ofertas increíbles. Las circunstancias vistieron al actual diputado provincial con el mejor traje opositor y a la par sufre el desgarro de sus apóstoles de entonces. Sin embargo no habrá que perder de vista, por defecto o por virtud, que cuando más se lo empuja más se empaca. El peronismo doliente busca alternativas urgentes antes de caer en el desquicio. Para algunos, la interna dará sosiego a la disputa, otros, pretenden convertir al peronismo federal en partido político y dar la lucha desde allí, algunos pocos se ilusionan pensando en una tercera opción y, finalmente, están los que creen que la redención peronista comenzará a peregrinarse cuando uno de los dos decida buscar nuevos aires en la Nación y dejarle al otro el imperio de la provincia. Por ahora, solo reina el desconcierto y la fecha de elecciones, es la próxima disputa a la vista.La feroz disputa mediática entre el actual gobernador Sergio Daniel Urribarri y el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia Jorge Pedro Busti –ambos justicialistas- no podía terminar de otra manera que al grito de “traidor” cerrando, de ese modo, la puerta a cualquier tipo de retorno que, en caso contrario, no termine siendo grotesco y ridículo. ¿Qué otro calificativo, de mayor voltaje, podrían proferirse los dos representantes más importantes que tiene la provincia, en esta disputa mediática? Ningún otro. Ahora, o se viene el cese del fuego o salen a hablar con el idioma de las cadenas, tan metafórico como literal. ¿Qué más pueden decirse estos dos políticos, quienes hasta no hace mucho, fueron presentados como ‘hermanos del alma’, los que consumían la misma ideología, los que se conocían más de la cuenta y, llegaron, hasta el hartazgo, a empalagarse con elogios mutuos, sin que se les caiga el mundo encima? ¿Qué más pueden decirse? Violadores, ladrones, quizás represores. ¿Qué otro calificado pueden agregar al catálogo de ataques, sin que el peronismo se consuma rápidamente y sin reacción alguna en el propio fuego que avivan hoy los mayores responsables del peronismo provincial?Son escasas las voces que no se encadenan a la disputa de posiciones entre los dirigentes concordienses y resuelven en consecuencia no independizarse del conflicto que los ata al fracaso del futuro. Esto habla de cierta comodidad, por un lado, y de la falta de confianza en si mismo de muchos dirigentes como para salir a trabajar un proyecto superador a esta contienda fraticida, por el otro. Todos o la gran mayoría, decidieron meter sus hocicos en cada una de las cuevas elegidas y dejar que el paso del tiempo defina el futuro que no se animan a salir a buscar. Las declaraciones del intendente de Chajarí, Juan Javier García, -fuertemente alineado a Urribarri- conocidas a través de un comunicado en la que intenta justificar el exabrupto del mandatario provincial, son de tan tamaña irresponsabilidad como la consecuente respuesta del bustista diputado nacional Gustavo Zavallo recordando cosas del pasado urribarrista haciendo válido aquello que asevera un viejo refrán: “si algo no quiere que lo sepa tu peor enemigo, no se lo cuentes a tu mejor amigo”. Frenar la locura es un problema de todosEn todo caso, que lo sepa también García, los encargados de gobernar no tienen porque destacarse por revoltosos y deberían sí, ante la locura creciente y desde cada puesto de lucha, poner un poco más de prudencia y madurez. Pero, no hay caso, el desquicio kirchnerista ha hecho metástasis tanto en la sociedad como en el peronismo entrerriano: la violencia arrastra con todo y todos se montan a la crítica “ejemplificadora” sin releer sus propios pasados, como si tuviesen intacta las asentaderas. REMEDI

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